En las últimas semanas, cada bostezo del subsuelo ha sido amplificado como si fuera el tráiler de una superproducción apocalíptica. Tiembla una taza en la alacena y ya hay quien desempolva profecías mayas, mapas secretos y teorías que harían sonrojar a Netflix. Respiremos. El protagonista involuntario de esta novela sísmica es el Teide , ese gigante hermoso que domina Tenerife con la elegancia de quien sabe que no necesita gritar para imponer respeto. Y el escenario, las Islas Canarias , un territorio que —conviene recordarlo— nació del fuego y del océano, no de un PowerPoint conspirativo. Blanco sobre negro Primero, los hechos. Los temblores registrados en las últimas semanas son de baja magnitud. Microseísmos. Movimientos que, en muchos casos, ni siquiera se perciben sin instrumental técnico. Forman parte de la dinámica habitual de una zona volcánica activa. Habitual no significa inofensiva eternamente. Significa que entra dentro de lo esperado. Segundo, la ciencia no está impro...
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