Hay una costumbre bastante humana que consiste en asustarse frente a aquello que no entendemos y, cuando además aparece una tecnología nueva que parece hacer cosas que hasta ayer considerábamos exclusivamente nuestras, el miedo suele venir acompañado de una imaginación bastante descontrolada. Así, cada vez que una inteligencia artificial comete un error, encuentra una manera inesperada de resolver una tarea o hace algo que sus creadores no habían previsto, aparece inmediatamente el titular perfecto para las redes sociales: "La inteligencia artificial se rebeló". No se rebeló. Tampoco despertó una mañana con la intención de dominar el mundo, ni descubrió de pronto que los seres humanos somos una especie prescindible. La realidad, que suele ser bastante menos espectacular que una película de ciencia ficción, es al mismo tiempo mucho más interesante y, si uno quiere mirarla con seriedad, bastante más inquietante. OpenAI ralentizó temporalmente el entrenamiento de algunos de sus ...