Teherán — El corazón de la República Islámica late hoy en un compás de incertidumbre y amenaza. Irán, ese gigante teocrático que siempre parecía dirigido por una mano de hierro, se despertó esta semana sin su gran ayatolá: Alí Jamenei , líder supremo durante casi cuatro décadas, fue abatido en lo que Teherán describe como un ataque de Estados Unidos e Israel. La noticia sacudió desde el bazar de Isfahán hasta las mezquitas de Mashhad, y dejó una pregunta brutal: ¿quién manda ahora?
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