La Iglesia católica sostiene verdades reveladas que no admiten revisión. Ese es su primer problema: cualquier sistema que se declare infalible queda congelado en el tiempo, como un cassette que sigue sonando aunque el mundo ya esté en streaming. Durante siglos, defendió que la Tierra era el centro del universo, persiguió a quien osó mirar por un telescopio y condenó placeres que luego toleró a regañadientes. Si la verdad es eterna, ¿por qué cambia con la historia?
Otro punto irrebatible: el sufrimiento. Se predica que existe un dios omnipotente y amoroso, pero el dolor humano sigue siendo moneda corriente. La respuesta oficial suele ser un misterio elegante: “los designios de Dios”. Traducción al llano: no sabemos. Y cuando la explicación última de un sistema es “no sabemos, pero igual es verdad”, estamos más en la poesía que en la evidencia. Que no está mal —la poesía salva— pero no debería venderse como certeza.
También está la intermediación: un dios que supuestamente escucha a todos, pero que necesita jerarquías, templos, rituales pagos y voceros autorizados. Es como tener línea directa con el universo y, aun así, pasar por ventanilla. El negocio de lo sagrado siempre fue rentable: donde hay culpa, hay mercado; donde hay promesa de redención, hay poder.
El estilo de Jaime Bayly nos recordaría que las instituciones aman más el control que la verdad, y Joaquín Sabina añadiría que la fe sin dudas se parece demasiado al miedo con sotana. La ironía final es esta: muchas de las virtudes que la Iglesia proclama —amor al prójimo, compasión, justicia— no necesitan cielo ni infierno para existir. Son humanas, demasiado humanas.
Creer puede ser un acto íntimo y respetable. Pero cuando la fe se convierte en dogma incuestionable y estructura de poder, deja de ser refugio y pasa a ser relato. Y los relatos, por bellos que sean, no se vuelven verdad solo porque se repitan desde un púlpito. La fe consuela; la evidencia convence. Confundirlas es, quizá, la más antigua de las mentiras piadosas.
Por: Claudio Novillo
Si quieres conocer más sobre mi trayectoria de 40 años en los medios, te invito a leer mi biografía aquí:
Ingresar >>
