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EL CIELO CON SPONSOR



Había una última oportunidad para hacer algo sencillo: despedir a Lionel Andrés Messi. Y la desperdiciaron con drones


No hacía falta inventar nada. El hombre que durante veinte años convirtió una pelota en una forma de belleza ya lo había hecho casi todo dentro de una cancha. Ganó campeonatos, perdió finales, soportó insultos, se fue, volvió, insistió y terminó levantando la Copa del Mundo. La despedida podía limitarse a eso: recordar.


Pero en el Monumental alguien decidió que recordar era poco. Había que producir. Y entonces llegaron los drones.


El estadio conservaba las luces encendidas y el cielo esperaba ese instante de ceremonia que el público había ido a buscar. Los aparatos se pusieron en movimiento y dibujaron la figura de Messi. El detalle: lo dibujaron pateando con la derecha.


Nadie les avisó que Messi es zurdo. Que esa pierna izquierda es, probablemente, una de las pocas cosas que los argentinos no discutirían ni siquiera después de una derrota. Un pequeño desliz de producción, de esos que se resuelven con una pregunta de diez segundos que nadie hizo.


La imagen ya era absurda. Pero faltaba lo mejor.


Los drones formaron una enorme "S". En las tribunas, muchos imaginaron que venía el homenaje: Super Messi, tal vez. Una última exageración que el fútbol permite. Una palabra para resumir una carrera imposible.


No. Era SanCor Seguros.


Ahí ocurrió algo más profundo que un error de producción. El público entendió que lo que parecía pensado para Messi también había sido pensado para vender algo. Quizás, sobre todo, para vender algo. Los abucheos empezaron a mezclarse con la música, que a esa altura sonaba a jingle.


No hacía falta ser un romántico para sentir que algo estaba fuera de lugar. Una despedida tiene un tiempo distinto al de una tanda publicitaria. Hay momentos en que el dinero puede esperar. O debería.


Tampoco ayudó el resto. No hubo recorrido emotivo por su infancia. No apareció el chico de Rosario que llegó a Barcelona con una pelota y una enfermedad que pudo haber cambiado su historia. No vimos al adolescente que debutaba, al muchacho que perdía una final tras otra con la Selección, al capitán que por fin volvió de Qatar con la Copa. Material no faltaba. Faltó alguien que lo buscara.


Sin flores. Sin placas. Ni siquiera ese gesto elemental que le dice a alguien: "sabemos lo que hiciste".


Hubo, en cambio, una puesta en escena apurada, las luces del Monumental pisando las proyecciones y una organización más preocupada por cumplir el programa que por detenerse un minuto a mirar al hombre que tenía enfrente. Un cronograma impecable para una noche que pedía todo lo contrario.


Después vino el desborde.


Los hinchas saltaron las vallas. La seguridad no pudo contenerlos. Corrieron detrás de Messi como si la distancia entre un ídolo y su gente pudiera medirse en metros. En medio de la confusión, los empujones y los gritos, Messi terminó en el suelo.


Y acaso esa sea la imagen que quede. No los drones. No la "S". No el seguro. Messi en el piso, rodeado de gente que quería abrazarlo.


Es difícil imaginar una despedida más involuntariamente simbólica. Durante años, Messi estuvo por encima de todos. Esa noche terminó abajo, sobre el césped, mientras alrededor se mezclaban la emoción genuina de los hinchas y la torpeza de quienes habían organizado el homenaje.


El fútbol argentino mantiene una relación complicada con sus héroes. Los eleva hasta convertirlos en monumentos y, cuando llega el momento de agradecerles, no sabe qué hacer con ellos. Salvo ponerles un auspiciante.


A Messi le correspondía algo mejor. No más caro. No más espectacular.


Mejor.


Un estadio a oscuras. Un silencio largo. La historia de un chico. La voz de algún compañero. Una camiseta. Una pelota. Y Lionel Messi mirando las tribunas.


Después sí, que se fueran todos. Los sponsors también.


Por una vez, podían dejar que el cielo fuera solamente el cielo.

Claudio Novillo

Por
Claudio Novillo

Periodista | Ciencia | Actualidad | Analisis

Mas de 40 anos de trayectoria en medios de comunicacion, con una mirada comprometida con la informacion y el pensamiento critico.

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