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La Argentina "Miss Inhundible"




Violet Constance Jessop en un periodo de sólo cinco años, sobrevivió a tres naufragios: el Olympic, el Titanic y el Britannic.Una historia de superación de una muchacha que jamás perdió la entereza ni la responsabilidad en su trabajo.  Hoy es conocida por un sobrenombre bastante especial: "Miss Inhundible"


Violet Jessop


La vida de Jessop no sólo es reflejo de la pura supervivencia, sino que conforma un excelente retrato de las clases trabajadoras en Occidente a comienzos del siglo XX. Generaciones que vivieron el auge de una industralización exacerbada, que obligó a trabajadores al límite de la pobreza a emigrar de Europa a América, con el único anhelo de seguir hacia delante y vivir -o sobrevivir-.


A lo largo de sus algo más de ocho décadas de vida la muerte le rondó varias veces, pero en todas las ocasiones consiguió esquivarla. Violet, la mayor de seis hermanos, nació el 2 de octubre de 1887 en la Pampa, cerca de Bahía Blanca, al sur de la provincia de Buenos Aires, Argentina, donde su padre trabajaba como pastor de ovejas. Sus padres, William y Katherine Jessop, habían arribado en la oleada de inmigrantes irlandeses provenientes de Dublin que se asentaron en el sur de Argentina, a finales del siglo XIX.


Una vida dura junto a una alimentación precaria dieron paso a la tuberculosis. Fue su primera gran prueba de supervivencia. Los médicos la desahuciaron dándole tres meses de vida pero, inexplicablemente, Violet superó la enfermedad y prosiguió con su rústica rutina. Su familia entera buscando un futuro mejor, se mudó a la provincia de Mendoza, sobre la cordillera de los Andes. Además en este lugar el clima, le ayudaría a sanar. 


Era fuerte, y el destino aún le reservaba muchas más pruebas que superar. Cuando ella contaba con 16 años su vida en Argentina se vio súbitamente interrumpida por la muerte de William, su padre. Kelly, la madre, tuvo que hacerse cargo de la familia y buscó lo conocido: retornar a Inglaterra. 


Establecidos, Kelly consiguió trabajo como camarera con la naviera Royal Mail Line, oficio que pronto heredaría su hija mayor. Al tiempo por un accidente, quedó inválida por lo que Violet Constance asumió la responsabilidad de su madre y sus nueve hermanos a los 18 años. 


Violet buscó trabajo para mantener a la familia, luego de infructuosos intentos consiguió un puesto similar al de su madre, en la misma empresa naviera la Royal Mail Line (RML) que hacía, entre otras, la ruta de las Indias en el barco Orinoco; a instancias de unos conocidos de su madre. Allí fue abriéndose paso como podía, dadas las dificultades para las mujeres por aquella época. Fue el inicio de su relación con los barcos.


Años después relataría algunas anégdotas relacionadas con su físico. Su 1,60 de estatura sin tacones, su juventud, belleza y elegancia natural la llevaron a ser blanco de variadas propuestas matrimoniales y otras que mejor no recordar. Incluso haber recibido tres propuestas de matrimonio en un mismo viaje, y una de ellas, ¡de un adinerado aristócrata, pasajero de primera clase!


Con el paso de los años, y con mucho esfuerzo en 1908 fue contratada por la White Star Line, la compañía naviera de pasajeros más poderosa de Inglaterra, para el navío First Majestic y luego, por su desempeño y buena apariencia en 1911, fue trasladada al lujoso RMS Olympic, barco insignia de la empresa y el buque más grande del momento.


La tercera no fue la vencida

Violet estuvo en los tres accidentes nauticos porque trabajaba para la dueña de la barcos, White Star Line. Increíblemente siguió con la empresa tras esas catástrofes.

La historia le reservaría una conexión muy particular con tres buques específicos, estrellas de la naviera White Star Line, para la que comenzara a trabajar en 1908.


La naviera White Star Line una potentísima naviera que competía universalmente en el transporte transoceánico, cada vez más solicitado por las clases altas, por los nuevos profesionales, por la emigración masiva y por el comercio mundial. Frente a la White se encontraba la célebre Cunard Line, también británica, y las no menos poderosas compañías alemanas Norddeutscher Lloyd y la famosa Hapag. 


Obviamente, la aviación estaba en sus albores y no contaba en esta carrera, y el ferrocarril ni saltaba todos los continentes ni competía en eficacia con los cada vez más veloces, confortables y más grandes barcos transoceánicos. 


Esta competencia explica el porqué de la construcción de los tres supernavíos de la Clase Olympic (el Titanic y sus hermanos Olympic y Britannic), que superaban a los entonces colosales Lusitania (hundido en la Primera Guerra Mundial) y Mauretania de la Cunard y a los buques germanos Kronprinz Wilhelm , Kaiser Wilhelm II y Kronprinzessin Cecilie. Estos grandes transatlánticos tendrían como objetivo llevar a más de 4.000 personas en cada trayecto, uniendo Europa con Estados Unidos.


El RMS Olympic

RMS Olympic and RMS Majestic in Southampton
RMS Olympic and RMS Majestic in Southampton

En un principio, Violet no estaba muy entusiasmada ante la perspectiva de navegar la ruta del Atlántico norte, tanto por el clima, como por las exigencias de los pasajeros de las que había oído hablar. No obstante, siguió adelante con el proyecto. Como camarera, a bordo del Olympic, cumplía diecisiete horas de trabajo al día por dos libras y diez chelines al mes, unos 8 dólares de hoy, más cama y comida.


El capitán del transatlántico era un hombre llamado Edward John Smith, quien el año siguiente cobraría fama por ser el capitán del barco que llegó para eclipsar al Olympic: el admirado RMS Titanic, aún más grande y lujoso que su hermano mayor.


Pese al recelo inicial, Violet se adaptó rápidamente al navío. Lo disfrutaba y había construido un hambiente muy cálido y amable. Como en todos los barcos, en primera clase había más servicio que pasajeros, proporción que se invertía a medida que se bajaban niveles sociales.


Ese 20 de septiembre de 1911 todo se truncó cuando al llegar la noche, cerca de la isla de Wight, frente a las costas de Inglaterra, el Olympic chocara contra el crucero de guerra británico HMS Hawke.


Aunque es una cuestión controvertida, parece ser que el Olympic, al mando de John Smith, fue responsable del accidente. Por suerte, los dos barcos soportaron el impacto y lograron regresar al puerto de Southampton muy dañados, pero sin que hubiera que lamentar pérdidas humanas. La peregrina explicación para el grave accidente es que el tamaño del Olympic y su poderosa estela habían absorbido al Hawke, lo que provocó la colisión.


Este incidente provocó en ella mucho temor que le duró un tiempo, llegó incluso a pensar en dejar su trabajo. Pero mantuvo el ánimo pensando una vez más en su familia y en ella misma. El miedo no le servía de nada, no le daba de comer ni le hacía sentirse bien a la hora de mirarse al espejo. El Olympic volvió a cruzar los oceános, pero a Violet le llegó una oferta mucho mejor.


RMS Titanic

RMS Titanic
RMS Titanic

Su conocimiento de español e inglés le facilitó que la compañía le ofreciera la oportunidad de trabajar en el RMS Titanic, en uno de los 23 puestos de camarera, que ella aceptara no sin antes lo pensara profundamente por la gran simpatía que sentía por la tripulación y el Olympic. El sueldo era considerablemente mayor. Embarcó con mucha ilusión el 10 de abril de 1910 y, además, iba a tener la oportunidad de ser testigo de uno de los mayores acontencimientos de la historia.


Ese formidable trasatlántico iba a desafiar al mundo con su esplendor, con su grandeza y su fortaleza. Y aunque por unos días Violet estuvo tentada de negarse, su familia la convenció de tomar este acenso y la joven de 24 años pasó a ser una de las sólo 23 mujeres, que formaron parte de la tripulación en el trágico viaje inaugural del Titanic. A Violet Constance Jessop le habían asignado la atención de los camarotes de primera clase.


La noche del 14 de abril, el cuarto día de navegación del viaje inaugural del Titanic, el aire al anochecer era más frío. Como cada noche antes de retirarse, Violet había salido a cubierta a tomar aire fresco y al entrar de nuevo sintió satisfacción ante el lujo y la grandiosidad de la máquina que la albergaba. Católica devota, había leído en voz alta una oración de origen hebreo que le enseñó una anciana irlandesa. La oración la escuchaba atenta su compañera de camarote, Elizabeth Leather, ya que Violet estaba convencida de que aquella extraña plegaria la protegería del fuego y de agua. Violet estaba a punto de dormirse cuando se produjo la colisión.


Violet tuvo tiempo de bajar a tercera clase y avisar en español a todas aquellas personas de lengua hispana que no entendían el inglés, para que se pusieran a salvo. Después, fue conducida a la plataforma de botes junto a varios pasajeros de primera clase a las que debía atender.


Se salvó porque junto a otras camareras se les ordenó subir al bote número 16, para calmar los nervios de las mujeres que no veían seguros los botes salvavidas. En sus memorias anotó que cuando el bote ya estaba descendiendo al agua un oficial le arrojó un bulto para que cuidara de él. Era un bebe que había quedado perdido en la confusión. Aunque le fue recuperado por su madre que logró subir en otro de los botes. Fue una de las rescatadas por el RMS Carpathia.


De ahí su suerte y fortuna, aunque también fue testigo de todo aquel desastre y de las 1.523 vidas perdidas. Violet fue una de los 705 supervivientes al salvarse en uno de los botes. Los que lograron sobrevivir soportaron ocho horas de frío y angustia hasta ser rescatados por el Carpathia.


La protagonista de esta historia estuvo unos meses sin poder reaccionar, sin poder volver a trabajar. Lo vivido fue un auténtico trauma, pero como tal, tuvo que asumirlo. Se vio obligada a volver a coger fuerzas de sus lágrimas, de ese dolor experimentado. No quiso que el miedo a navegar se convirtiera en su mayor enemigo porque ese era su modo de vida y, como tal, debía volver a ella, a ese mundo a bordo de otro barco. Esta vez fue en el tercero de esos gigantes de la compañía White Line Star: el Britannic.


El HMHS Britannic

HMHS Britannic
HMHS Britannic


Violet regresó a Inglaterra. A finales de julio de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial y el Reino Unido movilizó sus recursos, entre ellos el gran transatlántico Britannic, botado el 26 de febrero de 1914 y reconvertido por exigencias bélicas en buque hospital.



El 21 de noviembre de 1916, Violet iba a bordo en calidad de enfermera de la Cruz Roja. Navegaba por el Egeo a la altura del canal de Kéa, cuando el barco experimentó una gran explosión al topar con una mina por la amura de babor. Se fue a pique en 55 minutos. "De repente, oímos un ruido ensordecedor. Todo el salón se levantó... Me trajo recuerdos no muy distantes de la noche aciaga del Titanic", recordaría Violet.


Fallecieron 29 personas en ese naufragio. El barco quedó perdido, pero la mayoría de la tripulación tuvo tiempo de alcanzar los botes y salir con vida, incluida la valiente Violet Jessop. Era la tercera vez en que uno de esos titanes le trajo el susurro de la muerte, que pasó ante ella sin alcanzarla jamás.


Violet atribuyó su salvación a su abundante cabellera castaña. "Me lancé al mar, fui succionada por debajo de la quilla, y me golpeé la cabeza. Aun así escapé", izada del pelo por otro náufrago. 


"Al cabo de los años –reveló–, tras muchos dolores de cabeza sin explicación, el médico me descubrió que tenía una fractura de cráneo antigua". Violet Constance Jessop ya no sufrió más naufragios que el de su boda. Fue poco antes de cumplir los 40 años de edad y se trató de un desastroso y breve matrimonio del que nunca quiso hablar, ni siquiera decir el nombre del que fue su marido. No tuvo hijos.


¿Y qué ocurrió después? Muchos, en su lugar, hubieran elegido otro trabajo, otro medio de vida. Pero ella no lo hizo, el mar era su vida, su sustento y su modo de entender la realidad. Por ende, continuó sirviendo y haciendo frente a los caprichos salvajes del océano. En 1920 regresó a Inglaterra y a su anterior trabajo en el RMS Olympic. De ahí pasó a otros barcos de la naviera.


En 1945, ocupó un puesto de oficinista en White Star Line y, en 1948, ya con 61 años, inició, tal vez por añoranza, su última etapa marina, al firmar –otra vez con la Royal Mail– un contrato de dos años embarcada. 


En 1950, Violet Jessop, a los 63 años y tras 42 de vida relacionada con el mar, dio por terminada su carrera en el océano y se retiro a un cottage (casita con techo de paja) del siglo XVI en Suffolk (Great Ashfield, Inglaterra). 


Allí vivió de sus recuerdos y cuidando gallinas y el jardín. Los huevos que vendía completaban su exigua pensión. Sólo el 18 de julio de 1958 su vida de retiro rural experimentó una breve interrupción cuando alguien se acordó de ella y fue entrevistada por una revista con motivo del estreno aquel mismo año del filme A Nigth to Remember.


En la entrevista subrayó ciertas discrepancias con la película de Roy Ward Baker que tal vez deberían también aplicarse a la de James Cameron, de 1997. Violet desautorizó la forma en que aparecían retratados los pasajeros de tercera clase, a los que se apreciaba abandonados a la fuerza detrás de puertas cerradas que les impedían el acceso a las cubiertas del barco. Dijo que eso no era cierto, como tampoco que las mujeres norteamericanas usaran grandes sombreros en la nave.


Una insuficiencia cardiaca congestiva se la llevó en 1971, a la edad de 84 años. Sus restos descansan en tierra bajo una sencilla lápida de piedra en el cementerio de Hartest, Suffolk, al noroeste de Londres. Su epitafio dice: "Violet Constanza Jessop, querida hermana, que murió el 5 de mayo de1971 alos 84 años, fortalecida por los ritos dela Santa Madre Iglesia. Dulce Jesús, ten piedad de su alma".


Su historia fue realmente dramática: se convirtió en la legendaria mujer que sobrevivió a los tres desastres marítimos más conocidos.