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El país en terapia intensiva



Es una noche húmeda en Buenos Aires. Afuera del estudio, la ciudad respira ansiedad: taxis apurados, persianas bajas en algunos comercios, bares llenos de discusiones políticas y mesas donde ya no se habla de fútbol sino del precio de la carne, del alquiler y del dólar. La Argentina atraviesa otro de esos momentos en que parece discutir su destino cada mañana.


En el centro de un living cualquiera, una mesa sobria, luces bajas y dos sillones enfrentados. De un lado, Claudio Novillo el periodista: con aquella mezcla de ironía y curiosidad que incomoda más que un grito. Del otro, Javier Milei: presidente de Argentina, economista, disruptivo por vocación, impaciente por temperamento, protagonista de un experimento político que divide pasiones y enciende rechazos.


El clima está cargado. Hay inflación en retroceso, pero bolsillos exhaustos. Hay promesas de orden, pero también fatiga social. Hay sectores que celebran el ajuste como una cirugía inevitable y otros que lo denuncian como una crueldad innecesaria. La política tradicional observa entre el miedo y la especulación. Los sindicatos tensan. Los mercados miran. La calle espera.


No será una entrevista amable. Tampoco un intercambio ceremonial. Será un duelo verbal entre un presidente que habla como si combatiera enemigos invisibles y un entrevistador decidido a ponerle nombre, cifra y consecuencia a cada una de sus ideas.


Las cámaras encienden. Se hace un breve silencio. El periodista sonríe apenas. Milei acomoda el cuerpo hacia adelante, como quien entra a una pelea conocida.


Empieza la noche. Empieza el ping-pong.


C.N.: Presidente Milei, usted prometió dinamitar el statu quo. ¿No le preocupa haber dinamitado también la paciencia de la gente?


Javier Milei: La paciencia de la gente ya la había demolido la casta durante décadas. Yo no llegué a arruinar una fiesta: llegué a apagar el incendio después de que otros se llevaron la plata de la caja.


C.N.: Pero el incendio lo está apagando con nafta. Ajuste brutal, caída del consumo, salarios flacos… ¿Eso es cirugía o carnicería?


Javier Milei: Es cirugía sin anestesia porque dejaron al paciente quebrado y encima sin obra social. Lo brutal no es ajustar: brutal fue emitir sin respaldo, robar con inflación y vender pobreza como justicia social.


C.N.: Usted habla de libertad mientras miles dependen del Estado para comer. ¿No es una contradicción elegante?


Javier Milei: No. La contradicción es usar la pobreza como clientela electoral. Yo quiero que la gente dependa de su trabajo, no del puntero que le reparte una bolsa de comida con logo partidario.


C.N.: ¿Y mientras tanto qué comen? ¿Teoría económica?


Javier Milei: Mientras tanto se ordena la macro para que vuelva la inversión. Sin crecimiento no hay comida sostenible. Lo otro es asistencialismo eterno: una sopa hoy, miseria mañana.


C.N.: Usted trata de “casta” a medio sistema político. ¿No gobierna también con parte de esa casta?


Javier Milei: Yo negocio leyes, no principios. Si para sacar reformas necesito votos de dinosaurios, los uso. El domador no se convierte en león por entrar a la jaula.


C.N.: Pero muchos de esos leones lo están domesticando a usted.


Javier Milei: Confunden táctica con rendición. Yo vine a cambiar reglas, no a hacer amigos.


C.N.: Hablemos de inflación. Bajó, sí. Pero el argentino mira la góndola, no el Excel. Y la góndola sigue siendo una escena del crimen.


Javier Milei: La inflación no desaparece en una semana. Es como dejar de fumar: el primer día no corres una maratón. Pero si seguís fumando seguro terminas mal. Nosotros cortamos la adicción a la maquinita.


C.N.: El problema es que el fumador ahora no puede comprar cigarrillos… ni leche.


Javier Milei: Porque antes compraba con plata ficticia. Yo prefiero una verdad incómoda a una mentira subsidiada.


C.N.: ¿No teme que la gente se canse de tantas verdades incómodas?


Javier Milei: La gente se cansó de las mentiras cómodas. Por eso me votó.


C.N.: Seguridad. La calle está áspera, el delito muta, la violencia crece. ¿Dónde entra el liberalismo cuando te apuntan con un arma?


Javier Milei: Ahí entra el Estado en su función esencial: proteger la vida y la propiedad. Menos Estado en kioscos ideológicos, más Estado donde importa: seguridad y justicia.


C.N.: Justicia lenta, policía desprestigiada, cárceles desbordadas. Suena lindo en slogan, feo en la práctica.


Javier Milei: Porque durante años confundieron garantismo con impunidad. Yo no creo en puertas giratorias: creo en consecuencias.


C.N.: Educación pública. Muchos sienten que la mira con desprecio.


Javier Milei: Al contrario. Desprecio la decadencia educativa. Amo la educación tanto que me niego a llamar educación a escuelas donde los chicos salen sin comprender un texto.


C.N.: Universidad pública, orgullo argentino. ¿La va a defender o a auditar hasta asfixiarla?


Javier Milei: Defenderla es exigir transparencia. Si una institución tiembla cuando le piden cuentas, quizá no le preocupa tanto el conocimiento como la caja.


C.N.: Salud pública colapsada, hospitales exhaustos. ¿El mercado también cura fracturas?


Javier Milei: El mercado produce eficiencia; el Estado debe garantizar acceso básico. Lo que no funciona es un sistema donde todos prometen salud gratis y terminás esperando seis meses un turno.


C.N.: Usted polariza. Insulta. Grita. ¿No se volvió parte del problema cultural argentino?


Javier Milei: Yo no inventé la decadencia verbal. La diferencia es que yo la expongo sin maquillaje. A veces el tono molesta más que el saqueo.


C.N.: También cultiva una épica personalista. ¿Mesías con motosierra?


Javier Milei: No soy mesías. Soy economista con paciencia limitada.


C.N.: Sus críticos dicen que gobierna para mercados y no para personas.


Javier Milei: Sin mercados funcionando no hay empleo, crédito, inversión ni salarios reales. Gobernar contra la economía es gobernar contra la gente, aunque quede romántico en campaña.


C.N.: ¿Y la desigualdad?


Javier Milei: La verdadera desigualdad es entre el que tiene contactos y el que no. Entre el empresario prebendario y el laburante aplastado por impuestos. Yo peleo contra esa casta privilegiada.


C.N.: ¿No hay riesgo de que la libertad termine siendo privilegio para pocos?


Javier Milei: El privilegio nace del favoritismo estatal. La libertad, bien entendida, abre puertas. El acomodo las vende.


C.N.: Si mañana hay protestas masivas por hambre, ¿qué hace?


Javier Milei: Escuchar al que sufre, aislar al violento, corregir lo que haga falta y sostener el rumbo. Gobernar no es concurso de simpatía.


C.N.: ¿Y si el rumbo es equivocado?


Javier Milei: Entonces se corrige con datos, no con nostalgia.


C.N.: Defíname la Argentina de hoy en una frase.


Javier Milei: Un país riquísimo administrado durante décadas como un kiosco en quiebra.


C.N.: Y la Argentina que usted sueña.


Javier Milei: Un lugar donde trabajar sirva más que militar, donde ahorrar no sea heroico y donde el Estado deje de perseguir al que produce.


C.N.: Última pregunta. ¿Qué pasa si fracasa?


Javier Milei: Fracasa una persona. Si no intentábamos cambiar, fracasaba una nación entera.


C.N.: Ácido final.


Javier Milei: Usted preguntó con bisturí. Yo contesto con motosierra.


Entrevista ficticia: Inspirada en el tono punzante, provocador y elegante de los grandes entrevistadores latinoamericanos. No reproduce a ninguna persona real de forma literal. Es una pieza de ficción política.

Claudio Novillo

Por
Claudio Novillo

Periodista | Ciencia | Actualidad | Analisis

Mas de 40 anos de trayectoria en medios de comunicacion, con una mirada comprometida con la informacion y el pensamiento critico.

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