Cuentan los antiguos que, en una noche clara, la luna bajó su mirada hacia la tierra y descubrió a un joven pastor que, entre montañas y silencios, tocaba su flauta para acompañar a las estrellas.
El pastor no sabía que la luna lo observaba; sus manos ingenuas dejaban escapar melodías que se alzaban como pájaros invisibles y navegaban las olas del universo, hasta llegar a los oídos de la luna.Ella, al escucharlo, sintió un amor tan profundo que olvidó al sol y su reflejo. Por primera vez, su brillo no fue prestado, sino nacido de un sentimiento imposible. Pero al comprender que jamás podría descender y abrazarlo, su fulgor se apagó. Se marchó, dejando la tierra en una oscuridad que nadie entendía.
Los pueblos despertaron en la penumbra. “¿Dónde está la luna? ¿Por qué nos ha abandonado?”, se preguntaban. Nadie sabía responder. El cielo parecía vacío, como si un secreto se hubiera llevado su resplandor.
El pastor, sin comprender, seguía tocando. Creía que su música era solo viento, pero sus melodías eran tan originales y puras que conmovieron a la luna. Ella, entre lágrimas de luz, decidió retornar a su lugar en el cielo. Sin embargo, ya no fue igual: comenzó a tomarse descansos, ocultándose de vez en cuando para disfrutar del encanto musical que llegaba desde la flauta del pastor.
Así nacieron los ciclos de la luna: sus fases crecientes y menguantes, su aparición tímida y su plenitud radiante. Y así se explican los eclipses: momentos en que la luna se oculta, recordando su amor imposible por un pastor que nunca supo que su música había conmovido al cielo.
Desde entonces, cada generación repite la historia: que la luna no es solo un astro, sino un corazón enamorado que danza entre la luz y la sombra, y que su brillo es el eco de una melodía que aún viaja por el universo.
Moraleja: El cuento enseña que lo más poderoso no siempre es lo que se ve, sino lo que se siente. La belleza de lo invisible —una melodía, un gesto, un sentimiento sincero— puede cambiar destinos, conmover corazones y hasta alterar el curso de los astros.
“Lo invisible mueve lo eterno, como una melodía que hace danzar a la luna.”
Por
Claudio Novillo
Periodista | Ciencia | Actualidad | Analisis
Mas de 40 anos de trayectoria en medios de comunicacion, con una mirada comprometida con la informacion y el pensamiento critico.
