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Amazona del viento

 

En 1952, la ex-mecánica de vuelo Margaret Horton contó una aterradora experiencia en tiempos de guerra a la revista Air Mail: aferrarse al plano de cola de un Spitfire mientras surcaba los cielos durante la Segunda Guerra Mundial.

En aquellos días finales de la segunda guerra mundial, en donde las tropas alemanas comenzaban su penosa retirada luego de su último y desesperado ataque en el frente occidental ocurrido entre el 16 de diciembre de 1944 y el 25 de enero de 1945, a través de los densos bosques y montañas de la región de las Ardenas de Bélgica. La derrota en la Batalla de las Ardenas fue el golpe final para las aspiraciones Nazis.


En Hibaldstow, un aeródromo satélite de RAF Kirton, en Lindsey Lincolnshire, Inglaterra, un viernes 9 de febrero de 1945; el Spitfire AB910 Mk Vb -un avión caza monoplaza británico usado por la Royal Air Force (RAF)- con el teniente de vuelo Neill Cox a los mandos, se preparaba para partir en un frío día nublado y ventoso, junto a la escuadrilla a la que pertenece.

La misión interceptar aislados bombarderos Junkers Ju 88 y Focke-Wulf Fw 190 alemanes que, aunque la Luftwaffe estaba muy golpeada, aun mantenían los ataques contra objetivos sobre Inglaterra, algunas veces protegidos por aviones Messerschmitt Bf 109.

Un grupo de mujeres de WAAF trabajan en el motor de un avión de la Fuerza Aérea Británica
Mujeres de WAAF trabajan en el motor de un avión


En el campo, decenas de mujeres pertenecientes a un área de la WAAF -Women’s Auxiliary Air Force- brigada de mujeres técnicas británicas, se encargaban del mantenimiento de las aeronaves, entre otras cosas. Esta unidad fue una de las que más se destacaría tanto por su labor en el frente como en la retaguardia.

Oficialmente el 28 de junio de 1939, el Rey Jorge VI fundó la Fuerza Aérea Auxiliar Femenina. Esta unidad militar bajo el liderazgo de la comandante Jane Trefusis Forbes y dependiente de la Real Fuerza Aérea Británica (Royal Air Force o RAF), llegaría a contar con más de 400.000 voluntarias durante la Segunda Guerra Mundial.

Margaret Horton, mecánica de vuelo perteneciente a la WAAF, desde muy temprano realizaba tareas de mantenimiento del avión que tenía designado, curiosamente conocido como "T for trouble".

Margaret Horton contó una aterradora experiencia en tiempos de guerra
A última hora de la mañana, a una ligera llovizna y una niebla muy cerrada se le sumó vientos muy fuertes. El controlador de servicio entonces, dio instrucciones para que se observaran los protocolos de "mal tiempo". Estos procedimientos incluían medidas para garantizar la seguridad de las aeronaves en rodaje.

Horton recibió instrucciones de ayudar al piloto del Spitfire AB910 sentándose en el estabilizador horizontal, para ayudar a mantener la cola hacia abajo  mientras rodaba hacia la posición de despegue. Esta era una práctica común en tales condiciones para evitar que la aeronave girara en tierra.

El teniente Neill Cox dio contacto y por unos instantes observó la foto de su amada, pegada sobre el horizonte artificial de su aparato, perdiendo momentáneamente las visión sobre los sucesos que ocurrían alrededor de la máquina. No vio las banderas que avisaban el procedimiento y una vez en marcha el motor y quitados los tacos que frenaban el aparto, partió hacia el punto de despegue.

"Había una orden para que uno de los miembros del personal de tierra se sentara en la cola de los aviones Spitfire como lastre, mientras rodaban en la pista hasta la posición de despegue, para que el viento no los tumbe", dijo Horton en una entrevista que le realizó Air Mail en 1952. 

"Si bien era un procedimiento habitual, el piloto no recibió la orden de procedimiento para condiciones climáticas adversas y, al no haberme visto saltar sobre la cola mientras los otros mecánicos sacaban los frenos, despegó directamente sin darme tiempo a bajar. Desafortunadamente las cosas no salen según lo planeado...", continuó relatando.

El procedimiento normal era que el mecánico designado, tomara el timón de profundidad del Spitfire y lo moviera hacia arriba y hacia abajo un par de veces antes de que el piloto girara hacia la pista de césped, indicando que estaba saliendo del avión, para que el piloto supiera, pero ante una falta de comunicación y sorpresa absoluta de Margaret: Neill Cox giró a favor del viento y sin dar tiempo a Margaret para que se bajara, apuró el acelerador de su Spitfire haciendo rugir a los mil cuatrocientos caballos de fuerza del motor Merlin 61, comenzando el carreteo mientras accionaba los flaps para el despegue, sin percatarse que por detrás del morro, venía cabalgando una pasajera inesperada. La aeronave se elevó introduciéndose en la bruma.

Al principio Margaret se acomodó sobre la cola, con la precaución de no golpear el timón de dirección. Pero de golpe sintió vibrar el fuselaje y la fuerza centrífuga la empujó hacía atrás. Mientras el Spitfire carreteaba a gran velocidad, Margaret se dejó caer rápidamente sobre el cono de cola, donde la aleta vertical la mantuvo en su lugar, con las piernas hacia la derecha y el torso hacia la izquierda. Se aferró con fuerza. Intentó llamar la atención del piloto tratando de mover el timón de profundidad, sin lograrlo. Trató de asirse como pudo, logrando rodear la parte recortada del plano de cola del Spitfire, con sólo tres dedos.

Margaret recreando su posición mientras el avión estaba en el aire


Cox comenzó a sentir que su Spitfire estaba muy pesado y con graves problemas de operación, pero  nunca se imaginó lo que estaba sucediendo.

Cuando el Spitfire se elevó, Margaret se aferró a la cola como "garrapata". Una compañera que había visto lo que acababa de suceder, corrió hacia la torre de control donde dio aviso al sargento de guardia. Ante la situación se ordenó al jefe de escuadrilla que le indicara a Cox, que comenzara una maniobra aproximación y aterrizaje en la base de inmediato, pero no se le informó por qué.

"No había posibilidad de atraer la atención del piloto o de alguien en tierra -narró Horton- y estaba segura que ante el primer giro iba a caer al vacío". La mecánica militar se había dado por muerta, pero no entró en desesperación. Trató de pensar con calma, dejándose invadir por pensamientos de aceptación. "Lo he estropeado por última vez; soy mejor que la mayoría de las personas, ¡pero desearía que no hubiera sucedido!", se dijo a sí misma en aquel momento extremo. Sin embargo, nunca relajó su mano que la mantenía aferrada.

"Al cabo de unos minutos empecé a sentir como se me ennegrecía la vista y sentía que la sangre me subía a la cabeza, hasta tuve un momento de gratitud donde me dije que la muerte se avecinada de una forma fácil, inconsciente". Pero Horton seguía aferrada a la cola del avión, y como la pronosticada caída no acontecía, se dijo a ella misma que no todo estaba perdido.

"Poco a poco se apoderó de mi mente la idea de que no había nada que me pudiera hacer daño, ayudada por un cielo sereno y claro. Me di cuenta que estaba a salvo ya fuera que el vuelo fuera a durar diez minutos o un par de horas".

Mientras tanto, el piloto solicitó a su comandante autorización para abandonar la escuadrilla y retornar a la base al detectar problemas de vuelo que no podía explicar.

"Pude sentir como el avión descendía hasta que reconocí claramente que estábamos devuelta en la pista. Cuando redujimos la velocidad, salté de la cola y corrí sosteniendo mi boina, que había permanecido en mi cabeza hasta que llegamos al suelo", relató Horton, quien dijo que el piloto siguió su carreteo hasta el hangar sin saber todavía porqué su avión respondía mal.




"No sé como hizo el piloto para hacer un aterrizaje perfecto con una persona colgada de la cola", dijo Horton en tono jocoso a pesar de que la situación fue terrorífica, de hecho, según su relato, quien operaba la aeronave no había sido notificado de que llevaba a una persona aferrada a la cola de su avión, el controlador de vuelo entendió que era mejor dejar que el piloto regrese por su cuenta, tras haber sentido que el aparato tenía algún desperfecto técnico.

"Cómo logró ese aterrizaje perfecto, nunca lo he entendido, pero debe haber tenido diez minutos angustiosos en el aire. Al despegar se encontró que su timón de profundidad estaba casi inservible y, después de dar vueltas sobre la pista a 600 pies sin poder averiguar que era lo que ocurría, le fue ordenado que aterrice urgente.

Poco después de una rápida recuperación, y aliviada de estar de vuelta en el suelo, Margaret Horton anunció que luego de un cambio de ropa interior y un cigarrillo, estaría bien para volver al trabajo. 

El incidente de Margaret Horton es recreado en el salón "Women in the air" en el museo Tangmere de la fuerza aérea británica. Una pantalla en la exposición "mujeres en la fuerza aérea" muestra una animación del evento y su historia con fotografías.




¿Y el "T for trouble"? "Nunca conocí el final que tuvo mi caballo de acero, veterano de la Batalla de Gran Bretaña, ya que fue enviado a otro escuadrón unos días después del evento, pero supongo que él se está oxidando en algún montón de chatarra".